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¡Sólo atérrame con ficción!

Escrito por Revista Pasadizos noviembre 12, 2017

Esta reseña la escribo con especial cariño para todos los que adoran las historias de terror y suspenso, pero creen que, sobre este género, ya se ha dicho o escrito todo. Las cosas que perdimos en el fuego (2016) es una recopilación de cuentos de Mariana Enríquez, en cada uno dejará ver que habrá nuevas maneras de reinterpretar la realidad y transmitir miedo en tiempos contemporáneos. Cerca de la celebración de “Día de muertos” y la tradición de devoción a la muerte y temas del inframundo, suspenso y terror continúan entre nosotros, así que te invito a que decidas cuánta adrenalina estás dispuesto a soportar adentrándote en el mundo de esta gran escritora argentina.

Se trata de 12 relatos en los que la realidad cotidiana se rompe en acontecimientos fantásticos. Comparten algunas características, como tener voces narrativas femeninas y ausencia de personajes masculinos, escenarios actuales que involucra al lector y lo hacen sentirse parte de los temas expuestos o climas cálidos atravesados por atmósferas siniestras. Los personajes serán periféricos, es decir, marginales y en cada historia lo macabro dará paso a lo extraordinario y alucinante. Al ser parte de la literatura contemporánea no se aleja de los sentimientos de ensimismamiento y soledad, otro de los grandes miedos de la contemporaneidad.

Desde el título del libro se nota la idea del fuego, este elemento será una dualidad, a veces iluminará y otras será un arma con la que se crearán hogueras para castigar, como en “La casa de Adela” o el que da título al cuentario, sin duda historias sobrecogedoras que dirán mucho más con cada relectura. Otros cuentos, como “Niño sucio” o “Pablito calvó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo”, revelarán que nadie se salva en un mundo absorbido por la desigualdad, maldad y dolor, estos relatos resultan una mirada crítica y dejan claro que ni los infantes son buenos per se.

La narrativa de Mariana Enríquez demuestra que en pleno siglo XXI América Latina sigue pendiente de una larga tradición de superstición que se actualiza, en la mayoría de ellos se tocará el tema del mal llegando de “abajo” (sur) y la persecución de la salvación en el “arriba” (norte), donde se tiene la creencia de que todo está mejor. Si bien lo primero que salta a la vista es el panorama terrorífico y de suspenso, la verdad es que hay mucho más en esta obra, por ejemplo, la crítica a la opresión como método de infundir miedo y pasividad. En fin, son cuentos cortos que en pocas líneas dirán tanto que se pueden leer como un conjunto de historias entrelazadas que se van autocompletando o si se prefiere tendrán perfecto sentido por separado.

Independientemente de la nacionalidad que seamos, nos gusta asustarnos y jugamos con el suspenso y las conspiraciones -al menos hasta un punto controlable, donde se nos permita detenernos y decir que estamos suficiente aterrados como para abortar misión- en tiempos de violenta cotidianidad lo que buscamos al ver, leer o escuchar una buena historia de terror es una fórmula que logre conjuntar un poco de realidad y morbo para cubrir nuestros deseos de adrenalina recorriendo el cuerpo, queremos que nos hagan sentir vivos pero a salvo, ésta se vuelve una de las sensaciones más regocijantes y adictivas que se pueden experimentar en la vida, septiembre ya nos aterró con catástrofes naturales, ahora a modo de desahogo en octubre asustémonos por puro gusto a través de la ficción.

Redacción de Yaxilán (Yazmín Pereyra)

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