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Danza macabra

Escrito por Revista Pasadizos octubre 28, 2019

Es medianoche y todo está en silencio, la luna resplandece en la bóveda celeste, está en su punto más alto y refulge de manera espectacular, la calma reina en el campo santo, el silencio cobija las numerosas lápidas, no hay sonido alguno que rompa el silencio lúgubre del cementerio, los animales e insectos no se atreven a emitir sonido alguno, pues intuyen que algo sucederá.

La tierra se abre, el silencio y la calma son abruptamente interrumpidos por un ruido suave, seco y lento, aparece entonces un cráneo, sale poco a poco de la tierra, viene cubierto por una túnica negra y lentamente surge del panteón, su figura es delgada y su cuerpo inexpresivo, al salir completamente de ese cráter puede notarse algo extraño en sus blancas y huesudas manos: no es una hoz, es ¡un violín!. Empuña entonces el instrumento y el silencio se quiebra, la música empieza estrepitosamente para invocar a los demás cuerpos que reposan en el cementerio. Dará comienzo una “Danza Macabra”.

Una descripción así es adecuada para hablar de una pieza creada por el compositor Francés Saint-Saëns cuyo nombre es: Danse Macabre, esta pieza en un poema sinfónico creado en 1874 inspirado en un poema del poeta Henri Cazalis. Esta obra es una de las composiciones más celebres de Saint-Saëns, fue estrenada en 1875 y tuvo una recepción ambivalente, en esta se describe como la muerte toca el violín a medianoche invocando otros esqueletos a su alrededor en torno a una danza.

El poema de Cazalis comienza así:

Zig y zig y zag,

Muerte en ritmo

Golpeado la tumba con su talón,

La muerte a media noche juega una canción de baile,

Zig y zig y zag, en su violín.

Esta primera estrofa refiere el inicio de la composición; en esta parte podemos notar como el violín, con un estruendo comienzo, rompe el silencio de la noche e inaugura así esta danza macabra. A lo largo del poema podemos ver como cada estrofa es representada de manera adecuada en un aspecto musical, Saint-Saëns logra traducir en distintas notas la atmosfera del poema, podemos notar como en distintos momentos la pieza encarna el poema y trasmite esa sensación de melancolía, miedo y frenesí.

Si leemos el poema y escuchamos la composición de manera simultánea el resultado es asombroso, cada imagen se representa en la imaginación de manera interesante y terrorífica, los sonidos del violín, la velocidad y ritmo nos invocan a danzar cual esqueletos que, por una vez al año, emergen del subsuelo para disfrutar de una danza para-normal y -cual danza dionisíaca- nos invita a bailar desenfrenadamente, disfrutar y evocar la vida y la muerte.

Definitivamente esta composición es muy adecuada ahora que se aproximan festividades que nos recuerdan el otro lado de la moneda de la vida; la muerte. A diferencia de otras obras que tienen que ver con la muerte, como la “marcha fúnebre” de Chopin, esta obra es una dicotomía entre la celebración y la melancolía.

Finalmente los invito a escuchar esta obra mientras leen el poema o durante una noche a oscuras, de esta forma se puede disfrutar más esta macabra composición.

Por: Jesús M. Cabrera

¡Experimenta y camina entre Pasadizos!

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