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El rock no tiene la culpa

Escrito por Revista Pasadizos junio 17, 2020

Por: Chris Aguilar

En una entrevista, Fito Páez dijo sobre el rock and roll, palabras más, palabras menos, que además de un género, era una actitud ante la vida. Suena lógico si tomamos en cuenta las caóticas historias de vida que llenan de gloria el sendero del rock en el mundo. Estilos y apuestas que no llegan solas. El mismo Páez ha cambiado la letra original de la icónica Al lado del camino, en su fragmento: “yo era un pibe triste y encantado de Beatles, caña Legui y Maravillas”, por “… de Beatles, caña Legui y Charlie García”. El rock entonces es además de herencia y memoria, arraigo. Junto con Charlie, está Calamaro y Cerati, y más recientes, Babasonicos o Intoxicados, por ejemplo. De ahí que el rock suene a lo que suena.

Pero esas es su esencia. Es decir, por supuesto que ahora Persiana americana suena al sabor del ayer, pero hasta ahí. Con atención, como a Cerati, Páez y el resto, por más que se les admire, se les busca el sentido en algunas oraciones. Para prueba, en el párrafo de arriba, seguro más de uno pensó, ah chingá, ¿era Beatles?, yo siempre canté, “pitus”. Peor, siempre nos preguntamos qué diablos era “pitus”. Como acá, de ese lado una palabra puede significar muchas cosas y cambiar el sentido de todo, quedando historias suspendidas en el aire arropadas por el ritmo y la genialidad que no discrimina.

El coma del rock mexicano

No. Ni Café Tacuba ni Jaguares ni Zoé y mucho menos Maná; ninguna llena ese hueco y mira que lo he intentado. Lo intentas casi por culpa. Vaya, las canciones están ahí, meneando los recuerdos, pero casi estorban; como una obligación cuya disculpa no me representa. Vamos, no es para nadie un misterio que Saúl Hernández estaba obsesionado con The Cure, pero bueno, mejor escuchemos a esos muchachos. Café Tacuba siempre lleva como presentador el discurso chovinista, Maná tiene buenas baladas y un baterista desperdiciado. De Zoé, bah, esos sujetos aprovecharon el auge de las alucinaciones convencionalizadas. Nada. ¿Dónde está el rock mexicano?

El rock somos nosotros, pero nos dijeron que no. Cuando aquella vez que quisimos ser artistas, grafiteros, el director nos amenazó con corrernos de la secundaria Técnica no. 68. Era la primera vez que estábamos en problemas reales. Para quienes aquello era la propia muerte, no había pensamiento alguno que cupiera en la cabeza. Sentíamos miedo, pero a esa edad al miedo no se le puede ver. Entonces ‘El tamal’ salía de su cuarto y ponía el modular a todo trapo. Esa fue la primera vez que escuché a El Haragán, con su rola Él no lo mató. Luego, No estoy muerto, Muñequita sintética, y puede que hasta haya sonado A esa gran velocidad. Carajo, algo le sucedía al hombre, sus canciones eran tan tristes y sin embargo quería escucharlas una vez más. Cuando ‘El nicuiri’, ‘El peligro’, ‘El wino’, ‘El tamal’ y su servilleta salimos de su casa para ir a la escuela otra vez para ver a las morritas y jugar fútbol en uno de los campos cercanos, las historias estaban ahí, con sus patas trepadas a la barda, con su mona.

Pero antes las canciones desaparecían. ¿Dónde estaban esas bandas? Sonaban esporádicamente como fantasmas, a veces en la radio, a veces en una guitarra por unas monedas. Más bien marginadas, este país no tiene espacio para las historias de los apestados, los leperos, los caifanes, de donde irónicamente Hernández se pirateó el nombre por una película de Oscar Chávez. Están en los pueblos, trajinando, literal para llegar a la tocada. Algunos muertos. Hace mucho que el rock en este país está en coma.

Si de todos modos dudas de lo que lees, hay tres documentales muy chingones en YouTube que lo corroboran. Todos en voz de sus protagonistas. Entonces, sirva este texto como una larga introducción para darle sabroso a: “El rock no tiene la culpa” de Mike Hernández; “Los rupestresy “En la periferia” de Alberto Zuñiga.

Si le entran al tema, queda uno tal vez más importante, el clavo definitivo del rock mexicano por muchos años. Bandas buenas hay, propuestas honorables como La gusana, La cuca o Fobia cuyo merito más alto es la autenticidad y honestidad. Pero juntas, todas, las pretenciosas y las que no, carecen desde hace tanto de un virus generalizado y es que, en núcleo, no logran lo que El TRI, Tex-Tex o Javier Bátiz: decir algo. Pero eso es chile de otro mole.

¡Experimenta y camina entre Pasadizos!

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