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la casa de papel

Escrito por Revista Pasadizos abril 22, 2020

Por: Chris Aguilar

El fracaso de La casa de papel

Hablar hoy de esta serie, es hablar de un fenómeno mundial, como lo dice su material adicional junto con la recién estrenada cuarta temporada. Tuvo una primera edición exitosa y que luego se fue a pique y fue cancelada en la cadena Antena 3 de España. Eso ya lo saben todos, pero en México uno de los primeros en reseñarla fue Horacio Villalobos y muchos tuvimos que buscar la segunda temporada clandestinamente en línea después de que Netflix la rescatara para mostrársela al mundo. Tal vez ahí están los verdaderos fans de la serie de los monos rojos, pero ese es otro asunto.

Si hablamos de calidad, puede que haya muchas que tengan una calificación más elevada que ésta: Sex education, End to the fucking world, Atypical o Glow. Entonces, ¿qué hace de un producto caduco un éxito mundial? Puede ser el carisma de pequeños factores que juntos lucen mucho. Eso parece ser lo que rescata y ha hecho tan entrañable la historia de un grupo de delincuentes que un día deciden robar la casa de moneda de España.

De poder organizar de más a menos las temporadas de La casa de papel, diríamos que la primera es la mejor hasta ahora: dinámica y con ideas novedosas. Además, claro, del impacto iconográfico de las máscaras con el rostro de Salvador Dalí que mucho abonaron a tener al espectador cautivo, incluso tal vez de forma inconsciente. Luego, la tercera es la peor. Ante el boom y la súplica de los fans para seguir viendo la serie, la prisa hizo mucho más notorios los errores, particularmente en los guiones. Las situaciones poco creíbles complicaron que se entrara en concesión con la tercera parte.

Afortunadamente hubo reivindicación en la cuarta temporada. Siguen los momentos inverosímiles, pero el desarrollo de los personajes y el carisma de los actores consiguen que olvides pronto esos pequeños tropiezos. No obstante, irónicamente es la protagonista, Tokio (Úrsula Corberó), la del personaje más desafortunado. Sobreactuada casi siempre y con líneas rimbombantes, consigue exasperar a más de uno, tanto que el día del estreno fue tendencia en Twitter por toda la animadversión que despierta. En cambio, las justificaciones morales de El profesor (Álvaro Morte) para dar salida a su psicopatía han encajado tan bien que a muchas marcas les bastó con buscar un símil del actor para tener éxito en sus campañas. En general las actuaciones son pulcras.

Otro aspecto a destacar es la elección de la música, desde la cortinilla My Life is Going On de Cecilia Krull, pasando por el memorable himno antifascista Bella Ciao que volvió a sacudir al mundo y fue protagonista de movimientos sociales en otras latitudes. A ellas se suman otras dos. Primero Delicate, de Damien Rice y Cuando Suba la Marea, de Amaral. Canciones que conmueven, pero que más allá de eso acentúan momentos importantes a los cuales la serie deben su éxito, momentos en que se empatizas con el dolor de los asaltantes para encontrar sus virtudes y desear por segunda vez, salgan airosos. Aunque, eso no lo sabremos hasta que la historia se resuelva, ya que en un recurso tramposo por exprimir al máximo la mina de hora, de nuevo se quedó en el aire la resolución del hurto.

El último punto que fusiona el resto de unidades es la fotografía, una tarea sorda en la que el espectador solo se halla en ella y no repara en saber si el buena de primera instancia, precisamente por el confort visual que las escenas provocan. Esto, además del atinado diseño de producción, se debe al cuidado de las escenas y la obsesión del director de cámara.

Entonces, ¿vale la pena ver la cuarta temporada de la casa de papel?, la respuesta es sí, definitivamente, sobre todo para quienes pudieron verla desde el principio antes del éxito que es ahora. Para nada es una serie que te confronte ni te exija como espectador, pero también es cierto que en suma sus pequeñas partes positivas vencen a los errores y pasas un rato agradable y en estos días, eso no es poca cosa.

¡Experimenta y camina entre Pasadizos!

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